Vibra con tu alimentacion

Cuando pensamos en los pilares de una vida saludable, una de las primeras cosas que nos viene a la mente es la alimentación sana. ¿Cuantas veces hemos escuchado, por ejemplo, que debemos de llenar nuestra despensa de frutas y verduras frescas, y disminuir el consumo de azúcar, harinas y alimentos procesados (entre muchas otras acciones)? Centenares de veces, sin duda... el tema es... ¿sabemos por qué 🤔? Y lo más importante... ¿lo hemos aplicado para comprobar sus efectos en nosotros mismos 😜?


El Universo entero y todo lo que forma parte de él es energía en distintos estados o frecuencias de vibración, y la frecuencia a la que vibran las ondas de energía determina su estado por así decirlo, “material”. Por ejemplo, cuando las moléculas de agua vibran muy lentamente, podemos verla en estado sólido (hielo). A medida que le aplicamos energía térmica, las moléculas empiezan a vibrar más rápidamente, pasando a un estado líquido, y finalmente a gas. De este modo, todo en el Universo es energía en distintos estados de vibración, y la materia también lo es: dentro de este enfoque, la materia es energía en vibración más densa y grosera que otros tipos de energía, y por eso la podemos ver con nuestros sentidos físicos con más facilidad que otros modos de energía que vibran más rápidamente y son más sutiles.


Siguiendo con la vibración y la frecuencia, los alimentos no son nada más que unidades de energía que transformamos en nuestro cuerpo (dado que la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma) para suplir sus necesidades fisiológicas y estructurales. Estamos formados por millones de células en continua actividad, que requieren de energía para llevar a cabo sus funciones y renovarse. Sin ir más lejos, nuestro cerebro requiere al menos el 20% de energía que consumimos para trabajar adecuadamente (¡teniendo en cuenta que representa menos del 2% del peso total del cuerpo!). Y es que el cerebro es un órgano en continuo movimiento a través de sus células constituyentes estrella: las neuronas. Las neuronas son células muy activas y sociables, que reciben, procesan y transmiten información a partir de sustancias bioquímicas y señales eléctricas. Se estima que una neurona puede tener de media un contacto físico directo con al menos 10.000 neuronas más, hecho que es responsable del 60-80% del gasto energético del cerebro. Este gran trajín de las neuronas conlleva una gran actividad eléctrica e implica que el cerebro por sí solo produce suficiente electricidad para encender una bombilla.


El valor nutricional de los alimentos se mide en base a la energía que aportan y la calidad de los micronutrientes que recibimos con ellos (vitaminas, minerales y otros oligoelementos). La energía de los alimentos se mide en kilocalorías, y una caloría es la cantidad de calor (energía térmica) necesaria para producir un incremento de temperatura de 1ºC en una muestra de agua con una masa de 1 g. 


Nuestro ciclo de alimentación en la superficie terrestre empieza con las plantas 🌱. Las plantas son capaces de transformar materia inorgánica en orgánica gracias a la energía de la luz del sol o energía solar, en el proceso conocido como fotosíntesis (que también pueden llevar a cabo en medio acuático algas y determinados tipos de bacterias). Las plantas son consumidas por otros seres, iniciándose así la cadena alimentaria que ha permitido el desarrollo de la vida en el planeta tierra tal y como lo conocemos ahora 😉.  


Se conoce también que contínuamente recibimos, almacenamos y/o emitimos fotones, que son partículas elementales (es decir, partículas que no pueden dividirse más entre ellas, no están formadas por otras partículas) que nos llegan del sol y que no tienen masa ni carga eléctrica, viajan a velocidad constante y son responsables de la generación de todos los campos eléctricos y magnéticos. Se ha descubierto que nuestras células y las del resto de seres vivos son capaces de producir por sí mismas lo que se conoce como biofotones, que son un tipo de fotones de origen biológico que transmiten la información biológica necesaria para el desarrollo de las funciones vitales celulares, tal y como descubrió el biofísico y pionero en este campo Fritz Albert Popp. Altos niveles de energía emitidos por las células se correlacionan con mayor vitalidad y, por ende, capacidad de transmitir energía al resto del cuerpo. Literalmente, somos seres de luz 😉.


Los biofotones son radiaciones electromagnéticas, con lo cual como forma de energía que son, tienen frecuencia (medida en Hz o hercios), y los consumimos también a través de los alimentos. Con ello, tanto el tipo de alimento que comemos (si contiene más o menos biofotones, energía, frecuencia o "vibración”) como su procesado influye en la energía que absorberemos de esa fuente, y, por ende, al estado global de nuestro organismo. En base a estos parámetros, nos daremos cuenta de que existen alimentos con alta, media y baja energía. De hecho los alimentos naturales tienen una frecuencia o vibración muy alta, mientras que los procesados tienen una frecuencia baja o hasta nula. 


Por ejemplo, la dieta crudivegana se basa en el consumo de alimentos vegetales sin cocinar (crudos) para evitar tanto la pérdida de los biofotones almacenados en los alimentos como la calidad de sus micronutrientes.


Como seguramente ya habrás adivinado en este punto, los alimentos con más alta energía o luz son los que provienen de frutas y verduras, frutos secos y raíces. Y los que menos, cualquier tipo de producto procesado que no sepas reconocer, a simple vista, de dónde procede 😉.


Todo ello al final influirá en la cantidad global de energía que tiene nuestro organismo en conjunto, y cuanta más luz seamos capaces de almacenar, más sanos y armónicos nos encontraremos. De hecho el biólogo Bruce Tainio llevó a cabo en 1992 un estudio de la frecuencia vibratoria del cuerpo humano en su conjunto, y descubrió que un cuerpo sano tiene una frecuencia de entre 62-72 Hz, y que cuando esta frecuencia se reduce, puede ser campo abierto para el desarrollo de distintas enfermedades.


Aquí surge un nuevo campo de investigación, la alimentación vibracional o nutrición bioenergética, que dará mucho que hablar en los próximos años, dado que estamos empezando a comprobar como la famosa frase de Hipócrates “Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento” está más vigente que nunca.


A por un 2021 en tus propios términos 💪

¿Quieres dar el siguiente paso en tu crecimiento personal y espiritual en una comunidad de almas que vibran como tú?

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