Haz las paces con tu estrés

¿Existe alguien por aquí que no haya experimentado nunca un episodio de estrés?


Desde que fue descrito inicialmente en 1936 por el médico austrohúngaro Hans Selye, al menos el 80% de trabajadores han sufrido un episodio del mismo, llegándose hasta a categorizar como una de las principales “epidemias” del s. XXI. Puede que uno de los principales problemas que podamos tener sea como controlarlo, pero más importante es, antes de nada, conocerlo y hacerlo trabajar a nuestro favor.


El biólogo y fisiólogo francés Claude Bernard teorizó en 1865 que las funciones del organismo transcurren normalmente de forma ordenada y controlada dentro de un sistema más o menos estable que se conoce como medio interno y que posibilita la vida libre e independiente del medio exterior. Más adelante el fisiólogo estadounidense Walter Cannon introdujo en 1929 el concepto de homeóstasis, definido como el conjunto de mecanismos encaminados a mantener el medio interno estable, en contra de los estímulos ambientales que lo pueden desestabilizar y hacer peligrar la supervivencia del individuo, provocando respuestas de lucha o huida. Y muy poco tiempo después, en 1936, el médico austro-húngaro Hans Selye sentó las bases en estrés y en neuropsiquiatría al que describió como “síndrome general de adaptación” o conjunto de cambios orgánicos que entran en juego en respuesta a una gran variedad de estímulos nocivos. Descubrió que pacientes con una gran variedad de dolencias manifestaban muchos síntomas similares, los cuales podían ser atribuidos a los esfuerzos del organismo para responder al estrés de estar enfermo.

 

La palabra “estrés” se utiliza para indicar la respuesta del organismo, en tanto que al estímulo o agente nocivo se le llama “estresor” o “estresante”. Es cualquier señal interna o externa que provoca una reacción biológica, y que provoca respuestas de estrés cuando la demanda excede los recursos disponibles. Podríamos decir que el estrés es un mecanismo fisiológico de defensa que hemos desarrollado durante nuestra evolución para afrontar cualquier situación que nos pueda amenazar, y que nos permite garantizar nuestra supervivencia. Cuando se pone en marcha el mecanismo fisiológico del estrés, se activa el eje HPA o hipotálamo-pituitario-adrenal, que es un conjunto complejo de influencias directas e interacciones retroalimentadas entre el hipotálamo, una parte del cerebro hueca con forma de fuelle, la glándula pituitaria, una estructura en forma de haba localizada bajo el hipotálamo y la glándula adrenal o suprarrenal, una glándula pequeña, pareada y de forma piramidal localizada en la parte superior de los riñones. Las interacciones entre estos tres órganos constituyen el eje HPA, una parte esencial del sistema neuroendocrino que controla las reacciones al estrés liberando miles de sustancias químicas en segundos . Ante una respuesta de estrés el eje HPA señaliza para ajustar los sistemas neuroendocrino, nervioso, cardiovascular e inmunitario y que se inhiban las funciones fisiológicas que no sean esenciales para la supervivencia, como por ejemplo la inhibición del riego sanguíneo del neocórtex y del aparato digestivo para llevarlo a los músculos, y la reducción del funcionamiento del sistema inmune para ahorrar energía. En sí el mecanismo de estrés es necesario y nuestro mejor garante de supervivencia como individuos y como especie. Todos estos ajustes son asumibles a corto plazo, pero cuando la duración o intensidad del estrés superan ciertos límites se pueden provocar cambios patológicos en el organismo y/o empeorar enfermedades ya existentes.


Lo verdaderamente interesante es que existen distintos estímulos que pueden activar el estrés a nivel interno (lesión, hemorragia, infección, etc), nivel externo (frío, calor, agresión, etc), a través de alteraciones psicológicas (miedo, ira, ansiedad, sorpresa, etc) o bien una combinación de distintas categorías. Estos estímulos muy distintos tienen la capacidad de inducir el mismo tipo de respuesta, que no es específica.


Actualmente en el s.XXI es muy difícil vivir una situación de peligro a vida o muerte, y nuestros peligros de supervivencia se relacionan más con nuestro  desempeño en el trabajo, cómo gestionar los pagos de la hipoteca y otras preocupaciones. Es vital darnos cuenta que la mente percibe la situación de estrés y sufre sus consecuencias, pero el estrés a nivel sintomatológico está en el cuerpo físico, no en la mente. En realidad no se trata de eliminar el estrés de nuestras vidas, dado que es un sabio mecanismo biológico que nos ayuda y protege, sino de modificar el estado de estrés crónico sin motivo que podemos experimentar y volver lo más rápido posible a la seguridad y el bienestar. Sufrimos estrés no tanto por lo que nos pasa, sino por cómo percibimos y reaccionamos ante lo que nos pasa, y por ello la mente es la causa número 1 del estrés


En la ciencia convencional normalmente se trata el estrés desde cada síntoma individual, y en realidad se requiere una aproximación holística para arrancar el problema de raíz. Para ello podemos abordarlo desde dos perspectivas complementarias:


    1. Soluciones que ayudan a mejorar el estado de salud a nivel orgánico: mejorando nuestra neuroplasticidad a través del ejercicio físico, la restricción calórica en la dieta y la adición de cúrcuma, y descansando el cerebro tanto a nivel del sueño como llevando a cabo pausas durante la jornada y ocio proactivo.
    2. Soluciones que nos ayuden a controlar nuestras emociones y reprogramar nuestra mente: practicando la respiración consciente, técnicas de mindfulness o atención plena y/o la meditación, técnicas de coherencia cardíaca  y conectando con nuestra felicidad.

Y a ti... ¿qué técnica te funciona mejor para gestionar el estrés?


A por un 2021 en tus propios términos 💪

¿Quieres dar el siguiente paso en tu crecimiento personal y espiritual en una comunidad de almas que vibran como tú?

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