Una mente misteriosa

La Mente tradicionalmente se define como el conjunto de capacidades cognitivas (es decir, que nos permiten procesar la información a través de nuestra experiencia y percepciones) que permiten que percibamos el entorno, que pensemos, tengamos conciencia y memoria, entre otras. 


Y aquí llega la gran pregunta: ¿surge la mente a partir del funcionamiento de un órgano (en este caso el cerebro) o no? Si vamos atrás en la historia, Hipócrates planteó que la mente era un producto del cerebro, mientras que Aristóteles la definió como un proceso. René Descartes plantea que el cuerpo es una máquina y la mente una entidad distinta perteneciente al campo del Alma, que se relaciona con él a través de la glándula pineal. Esta concepción permitió una cierta tregua entre el establecimiento de la ciencia moderna y la religión de la época, donde cada una se dedicaba a planos distintos que no se mezclaban (aunque son precisamente complementarios 😉). A día de hoy los neurocientíficos, especialistas en estudiar el sistema nervioso, su estructura y funciones, son los más interesados en dilucidar el origen, estructura y funcionamiento de la mente. Y es que, en pleno siglo XXI, aún desconocemos mucho de este órgano tan vital para nuestra supervivencia y que nos define, en gran parte, como los seres humanos que somos. 


El cerebro es un órgano fascinante que ha pasado de considerarse como una parte más del mecanismo que hace funcionar el cuerpo humano (de nuevo aparece el viejo paradigma mecanicista), a la concepción de un organismo en sí mismo que se autorregula y que no sólo es capaz de regular el resto de los órganos del cuerpo, sino que además capta, discrimina y procesa los millones de estímulos con los cuales entramos en contacto cada día. No en vano es el órgano que más glucosa consume en nuestro cuerpo (el 20%) ¡teniendo en cuenta que representa menos del 2% de su peso! Y es que el cerebro es un órgano en continuo movimiento a través de sus células constituyentes estrella: las neuronas. Las neuronas son células muy activas y sociables, que reciben, procesan y transmiten información a partir de sustancias bioquímicas y señales eléctricas. Se estima que una neurona puede tener de media un contacto físico directo con al menos 10.000 neuronas más, hecho que es responsable del 60-80% del gasto energético del cerebro. Este gran trajín de las neuronas conlleva una gran actividad eléctrica e implica que el cerebro por sí solo produce suficiente electricidad para encender una bombilla. ¡Ah! Y antes de que se me olvide: no es cierto el mito que muchos hemos escuchado de que solo usamos el 10% de nuestro cerebro 😉. Las últimas investigaciones científicas demuestran que el cerebro está activo en su totalidad y que sólo presentan inactividad aquellas áreas cerebrales que han sufrido una lesión con daños graves.


Lo que pensamos, el aprendizaje y las experiencias que vivimos determinan la dinámica neuronal y que se establezcan conexiones determinadas entre neuronas, y de hecho cada experiencia se refleja en la formación de familias de neuronas específicas para este hecho, que se activan cuando la experiencia se vuelve a repetir, dando lugar a nuestras creencias. De hecho, lo que pensamos tiene un efecto de crecimiento y organización en determinados grupos neuronales en ese mismo momento, mecanismo que se refuerza con la palabra hablada y, a continuación, con la palabra escrita. Y es que tal y como muy acertadamente compartió el Premio Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal, “Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro”. No olvidemos que el cerebro es un mecanismo de percepción, capaz de recibir e interpretar las señales tanto del exterior como del interior, y dar las órdenes necesarias para que se traduzcan en mensajeros (señales químicas y/o a través de impulsos dentro del sistema nervioso central) que lleguen a todas las partes del cuerpo. Y como mecanismo de percepción, no capta el mundo “real” tal y como es, sino el mapa del mundo que él tiene, interpretado a través de sus receptores de información dentro de nuestros sentidos limitados.


Los paradigmas mecanicistas-materialistas efectivamente identifican la mente como producto de la actividad cerebral, con lo cual separan el cuerpo de la mente. Pero las nuevas corrientes de pensamiento la definen como un proceso encarnado y relacional que regula el flujo de energía e información. Es la encargada de interpretar las señales del medio (interior y exterior) y generar en respuesta un campo electromagnético a través del trabajo de las incansables neuronas. Este campo es el responsable de que el cerebro pueda dar las instrucciones adecuadas (en forma de moléculas y/ o estímulos eléctricos) para que el cuerpo reaccione a determinados estímulos, que es lo mismo que decir que se crean vibraciones (campo electromagnético) que configuran la materia (secreción de sustancias y/o corrientes eléctricas). En otras palabras: tu energía forma la materia. Como decía el gran físico Albert Einstein, "El campo (energía) es el único principio rector de la partícula (materia)”.



A por un 2021 en tus propios términos 💪

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