¿Vibras alto o bajo?

Seguramente habrás escuchado la frase “esta persona vibra alto” o “bajo”. Este tipo de afirmación se refiere a nuestro estado emocional, dado que las emociones son energía y se corresponden a un estado de conciencia determinado. En inglés la palabra emoción se escribe como E-MOTION: Energía en Movimiento, y es que así son las emociones: las más bellas y frecuentes demostraciones de esta energía en movimiento que somos.


Las emociones son nuestro barómetro más fiel de autoconocimiento personal, que nos permite al reconocerlas, aprender quienes somos y cómo reaccionamos a lo que nos sucede. Este conocimiento nos dota de un poder inusitado, dado que si nos convertimos en maestros de nuestras emociones, somos maestros de nuestro destino. Y es que las emociones son un reflejo de nuestros pensamientos, los cuales marcan la percepción que tenemos del mundo a través de nuestras gafas personales. A través de nuestras emociones y pensamientos creamos nuestro sistema de creencias propio, nuestro mapa de la realidad, que usamos para andar paso a paso por la ruta de nuestra vida, tanto de forma consciente como inconsciente.


¿Sabías que un 70% de las enfermedades del ser humano vienen del campo de conciencia emocional, muchas veces debido a emociones no procesadas y reprimidas?


A mi leer este dato me dejó escalofríos, y es que no nos damos cuenta de la importancia que tienen las emociones para disfrutar de nuestra vida. Porque muchas veces, inmersos en los quehaceres diarios y los automatismos de la rutina, tendemos a esconder las emociones y relegarlas a un segundo plano, sin percatarnos que las Emociones son nuestro indicador más preciso para comprobar si estamos dónde queremos estar, o bien nos hemos desviado del camino hacia nuestra felicidad (y debemos reconducir la ruta).


Las Emociones a nivel cognitivo y fisiológico son reacciones o respuestas que nuestra mente y cuerpo nos dan ante ciertos estímulos que experimentamos en nuestra vida, cuando percibimos una situación, persona, lugar o recuerdo importante. Gracias a las emociones obtenemos información que nos permite actuar de una manera u otra según lo que nos ocurre, para adaptarnos a nuestro ambiente. A su vez, la experiencia de una emoción depende de la percepción, actitud y creencia con que afrontemos de los estímulos que estamos experimentando, con lo cual es fundamental aprender a observar cómo respondemos a cada estímulo que provoca una emoción para gestionarla mejor y controlarla, en lugar de dejar que ella nos controle a nosotros.


En diversas disciplinas, como por ejemplo la Programación Neurolingüística (PNL) se afirma que los pensamientos dan lugar a las emociones, que a su vez provocan acciones que nos lleva a determinados resultados. De modo que dentro de este esquema, la gestión de las emociones es muy importante para alcanzar los resultados que queramos ver en nuestras vida.


Existen distintos tipos de emociones, y existen distintas clasificaciones y determinaciones al respecto. Por ejemplo, se reconoce que las emociones básicas son alegría, tristeza, miedo y vergüenza, y en algunos casos también se añade la culpa, el asco o la sorpresa. Como energía en movimiento, cada emoción tiene una vibración y frecuencia distintas. Todas son necesarias para experimentar la vida en toda su intensidad y plenitud y alcanzar distintos estados de conciencia. El Dr. David R. Hawkins, psiquiatra e investigador, en su libro "El poder frente a la fuerza” (Ed. El Grano de Mostaza, 2015), estableció la correspondencia entre las frecuencias de las distintas emociones y cómo se experimentan. Para ello usó la kinesiología como test diagnóstico asociado a una escala numérica logarítmica para calibrar el poder relativo de la energía de distintas actitudes, pensamientos, sentimientos, situaciones y relaciones.


Encontró que las emociones más elevadas como el amor, gratitud, dicha, serenidad, perdón y confianza, por ejemplo, son las que tienen más alta energía o vibración, mientras que las emociones de baja energía o vibración son las que nos hacen sentir ansiedad, culpa u odio. Con ello estableció un mapa de la Conciencia donde el punto más bajo es la humillación (nivel 20), pasando por la culpa (30), apatía (50), pena (75), miedo (100), deseo (125), ira (150), orgullo (175), coraje (200), neutralidad (250), voluntad (310), aceptación (350), razón (400), amor (500), alegría (540), paz (600) e iluminación (700-1000). También estableció que el nivel actual de Conciencia de la humanidad se sitúa en una media de 207, dónde sólo el 4% llega a más de 500, y solo 1 de cada 10 millones llega a niveles de 600 o más.


Asimismo, su revisión de estudios kinesiológicos indicó que... ¡el avance medio del nivel de la conciencia es de poco más de 5 puntos en toda una vida! Y es que avanzar por el camino de la Conciencia puede ser un proceso lento y arduo y lleno de resistencias impuestas por nuestras propias percepciones y modo de ver el mundo. También debemos de tener en cuenta que todo lo que nos rodea está unido efectivamente a nosotros, y de igual modo que nuestro estado energético se transmite, somos afectados por nuestro alrededor, encontrando como el empresario Jim Rohn plasmó en su famosa frase que “somos el promedio de las 5 personas que nos rodean, también en el plano energético por supuesto 😉. Esta concepción abre la puerta a la esperanza, dándonos cuenta de que con solo cambiarnos a nosotros mismos somos capaces de cambiar el mundo, dado que nuestra frecuencia energética, por así decirlo, se “contagia”. Cada mejora que lleva a cabo cada ser humano en su vida impacta literalmente en la vida de toda la humanidad.  


¿Existe una razón más bonita para desear y continuar en el empeño de ser cada día un poquito mejores que el anterior?
 

Sin duda, no hay nada que valga más la alegría.


A por un 2021 en tus propios términos 💪

¿Quieres dar el siguiente paso en tu crecimiento personal y espiritual en una comunidad de almas que vibran como tú?

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